La historia (general, de la ciencia, de la psicología) puede ser aburrida o divertida, letárgica o apasionante. Desgraciadamente no es el lector el que decide: algunos materiales son más estéticos que otros, más graciosos que otros, y más placenteros que otros. Rara vez se encuentra un material (artículo, capítulo, libro) agradable en lo estético e informativo en lo académico. Y es lógico: tratamos de ser historiadores, no novelistas (para escritores frustrados ya tenemos a los lacanianos). Por otro lado, la tarea del historiador suele ser una tarea solitaria: búsqueda de fuentes, trabajo de archivo, análisis, lectura, síntesis, publicación... con excepción de los congresos académicos, los historiadores no disponen de muchos espacios para compartir su pasión. No es que esto sea exclusivo de los historiadores -creo que sucede en muchas otras disciplinas-, pero el 'arte' historiográfico conlleva mucho tiempo de trabajo solitario, one on one con los materiales. Me llamo Catri...
Leyendo sobre la historia del conductismo y de la enseñanza de la psicología, encontré tres extractos fascinantes que me arrancaron una sonrisa. Primero, J. B. Watson, el que es considerado el fundador canónico del conductismo (que en realidad canalizó todo un clima de época y le puso nombre a un movimiento que ya venía gestándose y bla bla bla) reconociendo que escribía su clásico de 1914 porque necesitaba la guita, la mosca, la tarasca. El extracto, sacado de una carta a Knight Dunlap, dice en esencia "Estoy escribiendo mi libro por dinero. Dios mio necesito la guita. La necesito como nunca un hombre antes. Estoy endeudadísimo y tengo que salir de acá". Hilarante. Es el tipo francés de Los Simpsons quejándose de que nadie va al parque de atracciones y diciendo "mis hijos me piden vino". En el segundo, Thorndike, pionero en investigación animal y que después trasladó esa investigación a ideas sobre niños y humanos, y que además era considerado un doce...
Ya sabíamos por la entrada anterior que, por separado, Watson era perseguido por la mafia y tenia que saldar sus deudas, y Thorndike era un docente decididamente poco aplicado. Lo que no sabíamos es que, como Watson, Thorndike también tenía problemas de guita, y que también era experto en lamentarse y rogar. Miren si no la gloriosa carta que en 1895 le dirigió a la tesorería de Harvard implorando que no le descontinuaran la beca con la que estaba estudiando: Me fascina, me vuelve loco la indirecta, la ida y vuelta, el tire y afloje. "Soy pobre, necesito la guita, PERO creo que podría rebuscarmelas el año que viene si me sacan la beca no sé, vendiendo mis órganos, laburando los campos de algodón o sea seguiria estudiando sin la beca eh no piense que soy un haragan señor Harvard soy un yanqui del siglo XIX voy a morir trabajando si es necesario porque a este pais se lo saca adelante la-bu-ran-do PEEEEEro si consiguiera la beca podria descansar mientras estudio y dedicarm...
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